miércoles, 15 de abril de 2009

Bajo Vueling

Domingo. 08:42 a.m.
¡Ya se me vuelve a hacer tarde! Salgo apuradísimo de mi casa rumbo al aeropuerto. No puedo llegar ni con un minuto de retraso, porque ya se sabe cómo son de estrictas las aerolíneas con este tema. La guagua no llega, por lo que, desesperado, termino pidiendo un taxi. Todo sea por no quedarme fuera del avión.

Mi destino para esta Semana Santa me obligaba a hacer escala en Madrid, donde me reuniría con otros amigos. Viajaba, por primera vez, con la compañía ‘Vueling’, deslumbrado por sus apetitosas tarifas. Había conseguido un excelente precio comprando con tan sólo 2 días de antelación y en plena Semana Santa. ¡Vivan las low cost!

Facturo y paso el control para acceder a zona de embarque tras depositar en una bandejita de plástico las tarjetas, llaves de mi casa, monedas, cámara de fotos…tomo aire… teléfono, collar, cartera y cinturón. Me vuelvo a vestir.

Cuando ya se cumplía la hora para entrar en el avión la mirada de reojo a uno de los paneles informativos del aeropuerto termina por despertarme. ¡El avión despegaría con 3 horas y media de retraso!

Como suele suceder en estos casos, la azafata, en nombre de su compañía, se desentiende del caso y te anima, esbozando una sonrisa que sin duda le hubiera servido para posar ante Da Vinci, a llevar a cabo una reclamación, mientras reparte un ‘vale por 6 euros’ para comer en la zona de embarque. Aprovechando el generoso gesto de la línea aérea y viendo los precios que se manejan en este recinto, trato de convencer a 27 de los pasajeros para hacer un esfuerzo común y juntar nuestros bonos para conseguir un menú (mediano) en Burger King para todos. A mí me tocó el sobrecito de mostaza.

Finalmente partimos hacia Madrid.

- ¡Feliz Vueling! Esperamos que disfruten del viaje y vuelvan a volar con nosotros…

¿Y qué remedio? ¡¡No pensarían que iba a tirar el pasaje de Vuelting!!

Una semana más tarde, después de una linda semana de vacaciones y reencuentros por España, llego al aeropuerto de Barajas para regresar a Gran Canaria.

Gracias a que un amigo me había prestado una pequeña maleta tipo Trolley pude efectuar el viaje de ida sin tener que dejarla en la bodega, librándome, por tanto, del pesado trámite de la recogida de equipaje.

Lo que no me había advertido mi amigo es que dicha maleta estaba en la edad de ‘dar el estirón’. Tuvo que ser esto, sin duda alguna, lo que motivó que mi equipaje no pudiera venir conmigo ahora en el interior del avión por exceder la dimensión máxima permitida.

Por supuesto me acerqué al mostrador de ‘Vueling’ para hacerle entender al encargado que me resultaba del todo injusto que, si la maleta pudo viajar sin problema a la ida, ahora se me pretendiera hacer pagar una multa. El amable empleado comprendió mi razonable explicación mientras me confirmaba que se había cometido un error de facturación en origen.

- Perfecto, gracias… entonces?
- Son 20€!!

¡Vaya robo! Admitían el error, pero me hacían pagar una multa por un valor del 30% del pasaje sólo por llevar mi creciente maleta en otra zona del avión.

Evidentemente no puedo decir que tuviera la exclusividad en esto de las reclamaciones. Tal fue el número de quejas, que en un momento dado, la azafata que llevaba a cabo la facturación se acercó con rostro apesadumbrado al mostrador para preguntar si es que ya nadie la quería.

Foto: Facturación 3 - Reclamos 28

Finalmente, tras plasmar en una hojita mi descontento por el más que deficiente servicio en ambos trayectos, con tiempo, me detuve a leer la letra pequeña de ‘Vueling’ para ver qué otros trucos escondía. Es obvio que una compañía que trabaja con precios tan bajos necesita recortar gastos por algún lado y sacar algún provecho a algunos de sus servicios extra. No obstante me pareció que, en algunos casos, se excedían un poco:

- Por escuchar cómo se abrocha el cinturón de seguridad y se coloca la mascarilla: 15€
- Por escucharlo en dos idiomas: 35€
- Por llamar a la azafata: 13€
- Por llamar a la azafata sin gritar, haciendo uso del timbre: 45€
- Por usar la bolsa para vómitos: 12€
- Por usar la revista de ‘Vueling’ a modo de bolsa para vómitos: 35€
- Por usar el chaleco salvavidas: 14€
- Por usar el chaleco salvavidas inflado: 80€
- Por usar el chaleco salvavidas inflado y no salvarte: 170€

Según me contaron, hubo un vuelo en el que a una persona, tras aceptar el caramelito Werther´s Original, se le ocurrió pedir una almohada teniendo la lucecita para leer encendida mientras bajaba la persiana de su ventanilla con el codo derecho sobre el apoyabrazos... ¡¡428€ le costó la broma!!

Lo peor de todo es que sé que, la próxima vez que viaje, volveré a tomar la decisión obcecado por sus tentadoras tarifas, haciendo oídos sordos a mi propia conciencia.

Eso es ser Leling

Javi, El Gaucho Canario

3 comentarios:

  1. Donde esté el coche...

    Esto de vivir en una isla es lo que tiene, y gracias al descuento de residente que si no...

    Saludos Javi!

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  2. mmmmmmmmmuakkkkkkkkkkkkkkk y pa´l sur cuando venimos, eh???

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  3. así son las low cost, no solo lo hace vueling, otras como Ryanair también te cobran por maleta, y creo que estaban pensando en cobrar por ir al baño! Lo que nos faltaba...

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