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viernes, 27 de marzo de 2009

A qué dedico el tiempo libre

El sábado pasado, preso de un aburrimiento desmedido, decidí dedicar el día a una de las aficiones en las que más estoy empezando a destacar: el quirofanning.

Así es. Hay gente que se va al campo de paseo, gente que juega al golf y yo, que dedico mi tiempo libre a abrirme la cabeza.

Como le comenté al enfermero/celador que me llevaba en la camilla al matadero:

“Qué feo es esto de acostumbrarse al quirófano, ¿no?”

Esta vez se trataba de un partido de segunda división. “Sólo” tenían que arreglarme un punto que, en la última operación, no había cerrado del todo bien y se había infectado. En media horita, listo.

Lo peor de todo esto es que mi cabeza apunta (con el dedo índice bien estirado) a una eminente calvicie y, tal y como se están desarrollando los acontecimientos, de seguir así, voy a terminar pareciendo el tablero del Risk:

“Ataco Kamchatka desde el Occipital, con cuatro ejércitos... sin anestesia”
Javi, El Gaucho Canario

domingo, 1 de marzo de 2009

Feliz Cumplo-Un-Año

Y es que, hace justo un año, durante la madrugada del 1 al 2 de Marzo, aquí, el fierilla, se metía en un quirófano para que le hicieran un pequeño trabajo de "Corte y Confección".

Operación fácil para los médicos, que, mucho peor, no me podían dejar.

A día de hoy, después de una segunda (pequeñita) intervención, podría decirse que hago una vida casi normal, teniendo en cuenta que la conversación con el médico que me operó en la isla fue la siguiente:

Dr. M.: Puedes seguir con tu vida normal, no te preocupes. Ah, bueno, perdón... No vas a poder practicar deportes de riesgo...

El Gaucho Canario (palpándose con regocijo su incipiente panza): Vida normal, Dr., vida normal...

Así que, por si acaso no llegamos al segundo año, me voy, por supuesto, a celebrarlo...

...o no escucharon al Doctor??

Javi, El Gaucho Canario

domingo, 15 de junio de 2008

Lo estaban esperando

Innumerables fueron los mensajes que se recibieron en la redacción del Blog preguntando por las causas de mi accidente...


Que si a mi edad el Kamasutra debería estar en el cajón junto a 'mi primer diente'... Que si me apretaba excesivamente el gorro de la ducha... Que si el marido de aquella chica no entendió bien lo de 'esto no es lo que parece'...


Con la idea de terminar de una vez por todas con esta innecesaria rumorología, decidí, en un acto de evidente valor, publicar el documento que aclarará las dudas a los más curiosos y acallará las voces de aquéllos que aprovechan la desgracia ajena para lucrarse.


Vídeo: Cómo me rompí la cabeza aquel día...

Espero con esto poder poner fin a una etapa que quiero mantener en el pasado y que se me permita volver a disfrutar de una vida tranquila, cerca de los míos. No quisiera tener que emprender medidas legales.


Yo también merezco vivir...


Javi, El Gaucho Canario
Comentarios a:
elgauchocanario@gmail.com

sábado, 26 de abril de 2008

Y el 7º día descansó... y el 8º... y el 9º...

- "Ay, Javi, qué suerte tuviste con el accidente...¡GRACIAS A DIOS no te pasó nada!"

Cada vez que me pongo a analizar las partes de mi caída, mi operación, etc. intento encontrar qué carajo estaría haciendo Dios en esos momentos...

Primero que nada sufro una caída estúpida que de no haberse producido me hubiera permitido llegar a casa tranquilamente, comentando con mi amigo Jeremías lo torpe que fui que “estuve a punto de caerme”. Pero no fue así. ¿Y dónde estaba Dios en ese momento? No lo sé... teniendo en cuenta que era viernes, seguramente estaba probándose uno de sus mejores pareos para darse una vuelta por todas esas discotecas llenas de Diosas. Es lo bueno de ser omnipresente...

...aunque, lamentablemente, no pudo estar cuando me tropecé.



En segundo lugar, una vez se produce la caída, mi cabeza golpea el suelo de la peor forma posible, quedando inconsciente durante unos 10 minutos durante los cuales posiblemente Dios estaba en el baño peinándose su tupida barba, comiendo algo para no irse de fiesta con el estómago vacío y terminando de ver la ‘peli’ del viernes, que suele de las mejorcitas de la semana. Es lo bueno de ser omnipresente...

...aunque, lamentablemente, no pudo estar cuando me golpeé el suelo.


Estando ya en el Hospital Argerich el médico se pasa el 'código para casos de pérdida de conocimiento' justo por ahí por donde los calzoncillos buscan su escondite y me manda a casa sin hacerme ni tan siquiera una tomografía que podía haber detectado la hemorragia y evitado mis dos semanas internado con intensos dolores de cabeza (eso sin comentar la posibilidad de haber muerto). Mientras tanto Dios mandaba un sms a los amigotes, tocaba la puerta de su divina y hablaba por teléfono con el restaurante para reservar una mesa. Es lo bueno de ser omnipresente...

...aunque, lamentablemente, no pudo estar cuando el médico se olvidó de escanearme la cabeza.


A la semana llega mi amigo Filippo, al que no veía hacía dos años, para viajar juntos por el litoral argentino, parte de Brasil y entrar a Buenos Aires desde Montevideo. Antes de salir de viaje pasamos por el Hospital de Clínicas, donde me detectan un coágulo y me obligan a quedar internado por dos semanas hasta operarme. En ese momento Dios se encontraba en la agencia de viajes sacando un pasaje para el Paraíso, comprando acciones de una empresa productora de soja y esperando a que llegara el '60'. Es lo bueno de ser omnipresente...

..aunque, lamentablemente, no pudo estar atento a que la sangre se reabsorbiera en lugar de coagularse.


Así fue que, lamentablemente, no encontraron cama libre en terapia intensiva y tuve que esperar 9 días para operarme... Y me tuvieron que rajar la cabeza... Y me tuvieron que colocar una sonda... Y etc., etc., etc...


Pero, a pesar de estas pruebas dignas de los mejores investigadores del juez Garzón, todavía la gente me viene con que le agradezca Dios todo lo que me pasó y la suerte que tuve...

¿Pero qué méritos tiene Dios en su Currículum? Según dicen, trabajó sólo seis días creando este mundo, que, bajo mi punto de vista, deja mucho que desear... Luego el 7º día descansó... y el 8º... y el 9º... ¿Y con qué se agotó tanto?

Lleva unos 40 mil millones de años en un trabajo del que nadie lo consigue echar a pesar de su improductividad. Además el horario que tiene no sólo es flexible, sino que, haga lo que haga, se va a casa tranquilo. Está más que claro. ¡¡Su mayor mérito es vivir como funcionario!!

Quiero dejar claro que, por encima de cualquier cosa, respeto absolutamente todas las creencias, que es algo personal e íntimo de cada uno y en lo que no me interesa ni meterme.

Pero, sin querer ofender a nadie con todo esto, les pido, por favor, que no me vuelvan a decir que le dé las gracias a ese Dios que se anota puntos a favor cuando las cosas salen bien, pero que cuando salen mal es “para que aprendas una lección”... que es lo mismito que haría mi madre...

Yo, particularmente, prefiero que no me 'ayude' más y que me deje vivir tranquilo, que puestos a creer en criaturas celestiales, me quedo con las Vírgenes y las Ángeles.

Amén.

Javi, El Gaucho Canario

sábado, 15 de marzo de 2008

No hay tonto sin suerte (y IV)

Por fin regresaba a mi habitación, mi ‘casa’ durante los últimos 10 días. Volvía a encontrarme con mis enfermeras favoritas, entre las cuales sorteaban cuál debía atenderme. La que perdía, me tenía que soportar.

Lo cierto es que una vez regresé ahí dejé de sentir los dolores de cabeza de antes y me encontraba mucho mejor, más allá de las lógicas molestias debidas a una incisión que me había dejado puntos como para que Las Palmas volviera a 1ª.

Ahí seguían mis hermosas humedades de la pared... esa ventana sin persiana, que cada mañana me hacía disfrutar de un espectacular amanecer... mis queridas chicas con sus pastillitas y sus jeringuillas para seguir practicando acupuntura con mis brazos... los chicos del Gran Tribunal con sus ‘amplias sonrisas Profidén’... ese limpiador que entraba todos los días en la habitación, repartiendo paz y armonía: ‘la concha de la lora... esto es una mierda... la madre que la...’, etc., etc...

Y, por supuesto, los chicos de la cocina, portando su exquisito menú de cada día. Esa tarde, como en todas las fechas especiales, el plato del día había sido elaborado, y lo digo con una vergonzosa vanidad, PENSANDO EN MÍ. Después de la difícil operación por la que pasé, no se les ocurrió otra cosa que servirme, en bandeja de plata, los restos de mi operación:


Foto: Cerebritos en su salsa

Después de ‘agradecer’ este gesto, me quedé mirando el plato y deseando que el postre no fuera una referencia a mi odisea con la sonda.

Ya mi estancia en el hospital llegaba a su fin, pero el aburrimiento se empeñaba en seguir siendo mi fiel compañero.

- Javi, también puedes caminar por el pasillo y hablar con la gente – me decía Silvina, mi querida psicóloga, tratándome de alentar.

El consejo no era malo del todo, si no llega a ser:

a) porque el pasillo medía únicamente unos 60 metros de longitud, por lo que al tercer paso que daba, ya tenía que empezar a frenar.
b) por el desafío que representaban las 4 personas que ‘vivían’ en mi planta a las Leyes de la Longevidad... Y eso sin mencionar que, lamentablemente, uno era sordo y otro estaba ya más cerca del arpa que de la guitarra.

Como Murphy también se da alguna vuelta, de vez en cuando, por este tipo de centros para afianzar sus ideas, a la única chica joven y simpática, Cynthia, la conocí el último día, mientras los dos esperábamos para que nos dejaran ‘en libertad’. Ella y su madre eran dos personajes encantadores, que se tomaban con muy buen humor su situación, desgraciadamente, bastante más grave que la mía. ¡Ya las voy a ir a molestar!

Finalmente el pasado miércoles 5 de Marzo abandonaba el Hospital, después de despedirme de un tipo vestido de negro, portando una guadaña, que anduvo todo este tiempo por ahí, y volvía a ver el Sol. Desde entonces mi vida es bastante normal. Incluso diría que está mejorando. Nunca me miraron tantas chicas por la calle como ahora. Fue entonces que Filippo, víctima de un ataque de celos, trataba de justificar este hecho:

- ¡Normal! Pareces Frankenstein con esa venda en la cabeza...

Lo peor de todo fue descubrir que la gente me cedía el asiento en la guagua y que, lo confieso, una niña me miró y se asustó... Y yo imaginando cómo será la cosa el día que me saquen el ‘gorrito’ y aparezcan además los puntos...

Foto: Bladimir, a la izquierda, y Dimas, a la derecha


AGRADECIMIENTOS

Por último sólo me queda agradecer a todo el personal del Hospital que me cuidó...
Los enfermeros: María, Marcela, Adela, Patricia, Maxi, Ariel, Zulma...

Los médicos: Silvina, Florencia, Federico, Gilda, Juan, Melina, Luis, Bladimir y, muy especialmente, Dimas, quién desde que me recibió en Urgencias me trató de forma espectacular, me contó cada cosa que me iba pasando con total claridad y hasta, en día de descanso, luchó para conseguirme cama y que pudieran operarme cuanto antes... ¡un tipazo!... Y Cecilia, que prácticamente ni me conoce, pero de la que se habló mucho... ¡Y curó mi vista para siempre! (lo siento, Luis, se va a casar...).


Sé que se me olvida gente, pero no es que no los quiera añadir, sino que no recuerdo todos sus nombres...


En cuanto a mis amigos, la mayoría no supo nada hasta que le conté la historia a mi familia, porque no quería que a mis padres “se les parara la papa”... Así que fueron pocos los que me pudieron ayudar durante este proceso, aunque desde que salí del Hospital me hicieron sentir muy cuidado...


A los pobres que sí tuvieron la “mala suerte” de ser informados y estuvieron más cerca y a los que me dejaron su sangre para la operación, les doy las gracias... de corazón... Ustedes saben quiénes son (*)...


Y la mención especial es para Karla y su familia, que una vez más se volvieron a portar como mis hermanos y mis padres a este lado del charco, y para Pedro, un tipazo al que conocí por trabajo, pero que, más allá de esa relación laboral, se creó una increíble relación amistosa. Él estuvo siempre pendiente de todo y mantuvo informado cada día a mi hermano Luifer, el único de mi casa que tuvo que sufrir conocer la noticia, sobre mi evolución. Pero de Pedro hablaré otro día, porque merece un capítulo aparte...


Así que para alegría de unos pocos (y desgracia de muchos otros), sigo en pie y me queda mucho por batallar... Y, quién lo iba a decir, todo gracias a mi falta de cerebro...


Pero eso sí... si bien no niego lo de tonto, si de tener suerte se trataba, ¿¡¡por qué carajo no caí sobre una almohada!!?


Javi, El Gaucho Canario
Comentarios a:
elgauchocanario@gmail.com

(*) Jeremías (el Gran Asesino... la que te va a caer cuando consiga las pruebas...), Maru, Andrea y Alejandra, Agus, Carlos, Nancy, Mati, Los Pablos, Maga, Romina, Fernando, Cynthia, Carla, Filippo (por el que preferí caerme que irme de viaje por Argentina), Luz (mi enfermera peruana), Luis, Gladys, María José, Ceci... ¿me olvido de alguno?

miércoles, 12 de marzo de 2008

No hay tonto sin suerte (III)

La primera etapa de la operación iba a transcurrir en ‘Anestesia’. Realmente, por lo que a mí respecta, sería la primera y la última, porque de ahí en adelante no tengo ni un recuerdo, como era de esperar. Al menos el equipo que me iba a drogar tenía muy buen humor (supongo que tendría que ver con las ‘pruebas de efectividad’ que harán entre ellos...), así que hasta el último momento me lo pasé tranquilo y sonriente.
Foto: Ensayo general del corte de cráneo

La operación era simple. 'Únicamente' tenían que abrirme el cráneo, sacar el coágulo y volver a cerrarme... Para ellos eso era como limpiarse los mocos... Y, al final, hasta consiguieron hacérmelo creer...
Horas más tarde volvía a abrir los ojos y, mientras me sacaban de quirófano para internarme en Terapia Intensiva, milagrosamente reconocía la voz de Gumer, que me hablaba. Igualmente al distinguir a su lado a Karla la empecé a molestar, como es sana costumbre, con lo que se confirmaba que todo había salido más a la perfección, quedándose ellos muy tranquilos.
La operación, que dentro de la especialidad es de lo más sencillo, había resultado un éxito total. De hecho los médicos se felicitaban entre ellos por haber conseguido hacerme callar durante unas horas. Ahora sólo quedaba esperar un postoperatorio sin problemas. Para ello me internaban en una sala con otros cuatro pacientes, que, sumadas sus edades, sobrepasaban los 1.280 años.

El día que pasé acá fue relativamente entretenido, porque al menos veía gente pasando continuamente por la sala y a los médicos y enfermeros trabajando. La Medicina es mi carrera frustrada, así que me gusta ver cómo desarrollan su labor y me encanta preguntar todo, hecho éste último que, sin lugar a dudas, más de uno de los profesionales no va a olvidar jamás...

Sin embargo el momento más duro por el que pasé desde que me interné estaba por llegar: LA SONDA.
¡¡¡Buuuuuuuuuuffffffffffffffffffffffff...!!!

Bajo los efectos de la drogas alguno había aprovechado para utilizar mi fornido cuerpo desnudo a su antojo. No es fácil acostumbrarse a ser tratado como objeto sexual, pero mucho menos a que jueguen (de esa manera) con esa parte tan sensible como fundamental en la vida de un hombre.

En un principio, mientras estaba acostado con la sonda colocada y en perfecto uso, recapacitaba acerca de las grandes ventajas de ese sistema. Hasta entonces no parecían existir inconvenientes.

Recapacitaba acerca de la utilidad de este mecanismo para salir de juerga. Se iba a terminar eso de tener que levantarte cada dos cervezas de la mesa y hacer largas colas en el baño, teniendo que interrumpir una amena conversación con los amigos o, peor aún, dejar a tu 'amiguita' sola en la mesa rodeado de los buitres de bar.
Por otra parte te ahorrabas grandas caminatas por la calle para buscar una pared semioculta donde dejar grabado tu nombre o incluso, dependiendo del tiempo transcurrido desde el último paseo, una frase de amor completa con una caligrafía de dudoso estilo.

Pero llegó la retirada. Y me refiero a la retirada de la sonda, porque si yo llego a saber lo que se me venía, el que se iba de ahí corriendo era el querido Gauchito... Como me dijo el enfermero:
- Van a ser sólo cinco segundos un poco desagradables...

Durante esos cinco interminables segundos me dio tiempo de ver cómo pasaban por mis ojos los recuerdos más hermosos de mi vida y todas aquellas 'buenas' amigas que me habían acompañado en mi camino. Fue realmente dramático, especialmente lo de comprobar las pocas niñas que habían pasado por mi vida... y eso que alguna hasta repitió un par de veces en ese ratito. Por eso, después de 2 segundos y 45 centésimas, ya tuve que empezar a recordar las mejores portadas de la historia de Interviú, que, quieran que no, había tenido también su pequeño espacio... En fin, no quiero desviarme del tema principal...

Como les contaba, el momento más duro llegó un poco después cuando la elasticidad de la vejiga llegaba a su máximo apogeo y no iba a quedar otra opción que su completo vaciado. Les juro por 'mi querido quiste aracnoideo’ (desde aquel día, un gran amigo, un hermano, un sentimiento...) que en mi vida había sentido un dolor físico tan brutal como el que provocaba la descarga del líquido elemento. ¡Sólo de volver a recordarlo me dan ganas de pedirle consejo a Bibi Andersen acerca de las posibles alternativas!

Las 24 horas que tenía que pasar en Terapia Intensiva se me pasaron intentando convencerme de que 'beber agua es muy malo para la salud'.

Al día siguiente volví a mi cuarto para comenzar la cuenta atrás para mi salida.

Javi, El Gaucho Canario
Comentarios a: elgauchocanario@gmail.com

¡¡Continúa aquí!!

sábado, 8 de marzo de 2008

No hay tonto sin suerte (II)

Nunca había estado internado en un hospital. Sí había tenido dos experiencias cercanas en la familia, pero por ahora, en lo personal, ni siquiera una fractura de dedo meñique del pie. Así que esto de internarme por primera vez por un problema en la cabeza venía a ser algo así como dejar de ser virgen con Scarlett Johansson. ¡¡Por la puerta grande!!

El Hospital de Clínicas pertenece a la Universidad de Buenos Aires. Si bien la cuestión de infraestructura y servicio es bastante lamentable, porque no goza de una buena salud económica, los médicos que aquí trabajan y operan son de lo mejorcito del país. Con ese consuelo veía pasar los días mientras miraba las cuatro frías y mal pintadas paredes que me rodeaban. O mientras llamaba a Karla para decirle que me trajera toallas y papel higiénico, porque no era algo que te suministrara el centro.

Los primeros días toda la atención se centraba en decidir si me operarían o no. Como les comentaba era un caso muy llamativo, porque sólo tenía un poco de dolor de cabeza. De resto estaba bien... bueno, igual que siempre, porque, obviamente, tampoco es que me fuera a mejorar el golpe...

La mañana del lunes, alrededor de las 07.30 a.m., entra en mi habitación el Gran Tribunal en peso. Medio dormido todavía me encuentro con un grupo de 6 médicos rodeando mi cama con cara de soldado malo-malísimo de película de nazis. Enseguida supe que la cámara de gas estaba siendo preparada para ahumarme, así que cuando el Gran Jefe me comunicó que finalmente decidieron que lo mejor sería operarme, respiré aliviado, porque aún me quedaba una opción de salir vivo.

Y mi pregunta es... ¿tanto les cuesta sonreír un rato? Al fin y al cabo el que está jodido es el que está en la cama. No pido yo que preparen un juego de preguntas y respuestas para adivinar si me operan o no, pero al menos que, con una sonrisa en el rostro, te digan que te van a cortar el cráneo.
O mejor aún, que entren con el juego “Operación” y justo al tocar la cabeza, se le encienda la nariz al muñequito con una cancioncita en plan “algo está fallando, algo está fallando...”.



A partir de este momento ya todo se centraba en encontrar el día en que me meterían en el quirófano. Los días se hacían interminables entre pastillitas para la cabeza, laxante para no hacer esfuerzos en el trono, comidas de colegio, análisis de todo tipo, extracciones de sangre (jamás pensé que pudiera tener tanta) y, sobre todo, horas y horas de interminable tedio. Ni tan siquiera tenía demasiadas visitas, porque había optado, en previsión a un más que presumible infarto familiar colectivo, por no contar mi situación hasta que todo hubiese pasado, con lo que la mayoría se estará enterando a través de este blog.

Vídeo: Más exhaustivos controles médicos. Una genialidad.
www.Tu.tv

Finalmente el jueves me comunican que a la mañana siguiente me llevarían a quirófano. Lejos de asustarme, me invadió una alegría inmensa, porque lo que más deseaba era volver a casa cuanto antes. Esa noche tuve que darme un par de duchas con esterilizantes y comenzar un estricto ayuno. Obviamente, tratándose de un hospital, esta parte costaba bastante poco.
Sin embargo, a las 08.30 a.m. volvía a aparecer por mi habitación El Gran Tribunal para comunicarme, con la misma 'alegría' con la que comunicarían que había ganado la lotería, la fatal noticia: se suspendía la operación.
En ese momento mi buen humor se fue al piso. El problema era que no quedaban camas libres en Terapia Intensiva, donde debía pasar al menos un día después de la operación, no tanto por la gravedad de mi caso, sino por cuestiones de seguridad e incluso legales.

El personal del Hospital me animaba, confirmándome que la primera cama que quedara libre estaba reservada para mí. Aún así, mi mal humor continuó todo ese día, apoyado en la creciente incredulidad sobre la fecha de la decapitación.

Sin embargo, el sábado, 1 de Marzo, llegaba el Día D. Esa noche, finalmente, me operarían. Por suerte ya había hecho el ensayo general de los lavados y el ayuno el día anterior, así que todo venía fácil.

La camilla para llevarme a quirófano llegaba.

Javi, El Gaucho Canario

¡¡Continúa aquí!!

miércoles, 5 de marzo de 2008

No hay tonto sin suerte (I)

- UIUIUIUIUIUI... (sonido de ambulancia... por si no quedaba claro...)

Abro un poco los ojos. Reconozco a mi amigo Jeremías, pero no entiendo bien dónde estoy.

- Javi, tranquilo, simplemente acabas de destrozar un gran pedazo del suelo argentino.

Me dolía la cabeza... el ojo no lo conseguía abrir del todo. Me dolía mucho. Por suerte me hicieron con dos.

Al parecer, diez minutos antes había sufrido una importante caída, con tan mala fortuna que resultó de la peor forma posible: ¡de cabeza! Aún no tengo muy claro si fue un producto de la mala suerte o una simple cuestión probabilística, teniendo en cuenta el porcentaje de superficie que ella ocupa. Fuera como fuera, en este momento dicho porcentaje había aumentado notablemente, debido, por un lado, a la aparición de un chichón y, por otro lado, al ojo tipo Rocky IV que se me estaba formando.

Un tiempo más tarde estaba entrando en camilla y con collarín por el Hospital Argerich, donde poco menos que me miraron por encima y me dieron una palmadita en la espalda. Creo que en la serie M.A.S.H. alguna vez vi más atención al enfermo. Se limitaron a hacerme una radiografía para comprobar que no tenía huesos rotos y a decirme que debía ir al oftalmólogo. Para ese diagnóstico, ¿cuántos años de Medicina me dijiste? Lo terrible de todo esto es que, habiendo quedado inconsciente, no se molestaron ni en hacerme una tomografía, porque, según decían, “la máquina no funcionaba, pero tampoco era tan importante”.

Y no... no era tan importante... ¡¡era vital!!

Casi una semana más tarde, ya tranquilo por el ojo, que había sido convenientemente tratado por un oftalmólogo, me presento en el Hospital de Clínicas (el de la Universidad), preocupado por el dolor continuo de cabeza, que no terminaba de desaparecer. Fui al hospital para que me dijeran que el dolor era normal tras un golpe así y que me recetaran una pastilla mágica para irme de viaje con un amigo, que había llegado a Buenos Aires la madrugada anterior.


Vídeo: Chequeo médico serio al 'estilo Argerich'

La sorpresa me la llevo cuando al realizarme la tomografía descubren que tengo un coágulo por encima del cerebro y que de irme a casa “nanai de la China”. El caso fue tomado como de interés general en el centro, ya que, en circunstancias normales, con esa cantidad de sangre debería haber estado en coma o al menos con pérdida de memoria, de sentido o de coordinación. ¿Y qué fue lo que me salvó?

a) Ser bruto de nacimiento
b) Tener más suerte que el que inventó la tirita (curita) para negros
c) Estar mal hecho
d) Todas las anteriores

Tic, tac, tic, tac... Shhh!! No copien!! Tic, tac, tic, tac... Efectivamente, todas son ciertas. Les explico:

El día que mi padre se abalanzó como una bestia sin escrúpulos sobre mi madre, empezó a crear una cosa rara. Lo que se ve por fuera, ya era evidente y no es noticia a esta altura de la vida, pero, lo que hizo por dentro, era todavía más curioso. Donde todo el mundo tiene cerebro a mí me apareció un “quiste aracnoideo”, que viene a ser una bolsa de agua que ocupa su lugar... Así es. Para los que querían confirmar la procedencia de mi innata estupidez, acá está la evidencia definitiva: mi cerebro no estaba completo. Los más coherentes, sin embargo, pensarán “adónde habría llegado con su enorme talento, de no haber tenido un cerebro de cuarto y mitad”.

Sea como sea, la cuestión es que esa 'bolsa de agua', hizo de salvavidas, ya que el coágulo, en lugar de presionar el cerebro, oprimía el quiste, lo que evitó que el susto fuera mayor.

La impresión me la llevé cuando el Dr. Dimas me confiesa su sorpresa por la actuación del ‘Matadero Argerich’ y me asegura que, de no haber sido por este caso tan extraño, podía haberme ido a casa y haber entrado en coma en cualquier momento o haber muerto... Upss.. ¿qué feo suena, no?

Así que, como bien les decía, realmente no hay tonto sin suerte.

Pero esto no es más que el comienzo de una pequeña aventura, que, entre otras cosas, explica mi ausencia por estos lares...


Javi, El Gaucho Canario


¡¡Continúa aquí!!