miércoles, 12 de marzo de 2008

No hay tonto sin suerte (III)

La primera etapa de la operación iba a transcurrir en ‘Anestesia’. Realmente, por lo que a mí respecta, sería la primera y la última, porque de ahí en adelante no tengo ni un recuerdo, como era de esperar. Al menos el equipo que me iba a drogar tenía muy buen humor (supongo que tendría que ver con las ‘pruebas de efectividad’ que harán entre ellos...), así que hasta el último momento me lo pasé tranquilo y sonriente.
Foto: Ensayo general del corte de cráneo

La operación era simple. 'Únicamente' tenían que abrirme el cráneo, sacar el coágulo y volver a cerrarme... Para ellos eso era como limpiarse los mocos... Y, al final, hasta consiguieron hacérmelo creer...

Horas más tarde volvía a abrir los ojos y, mientras me sacaban de quirófano para internarme en Terapia Intensiva, milagrosamente reconocía la voz de Gumer, que me hablaba. Igualmente al distinguir a su lado a Karla la empecé a molestar, como es sana costumbre, con lo que se confirmaba que todo había salido más a la perfección, quedándose ellos muy tranquilos.

La operación, que dentro de la especialidad es de lo más sencillo, había resultado un éxito total. De hecho los médicos se felicitaban entre ellos por haber conseguido hacerme callar durante unas horas. Ahora sólo quedaba esperar un postoperatorio sin problemas. Para ello me internaban en una sala con otros cuatro pacientes, que, sumadas sus edades, sobrepasaban los 1.280 años.


El día que pasé acá fue relativamente entretenido, porque al menos veía gente pasando continuamente por la sala y a los médicos y enfermeros trabajando. La Medicina es mi carrera frustrada, así que me gusta ver cómo desarrollan su labor y me encanta preguntar todo, hecho éste último que, sin lugar a dudas, más de uno de los profesionales no va a olvidar jamás...


Sin embargo el momento más duro por el que pasé desde que me interné estaba por llegar: LA SONDA.

¡¡¡Buuuuuuuuuuffffffffffffffffffffffff...!!!


Bajo los efectos de la drogas alguno había aprovechado para utilizar mi fornido cuerpo desnudo a su antojo. No es fácil acostumbrarse a ser tratado como objeto sexual, pero mucho menos a que jueguen (de esa manera) con esa parte tan sensible como fundamental en la vida de un hombre.


En un principio, mientras estaba acostado con la sonda colocada y en perfecto uso, recapacitaba acerca de las grandes ventajas de ese sistema. Hasta entonces no parecían existir inconvenientes.


Recapacitaba acerca de la utilidad de este mecanismo para salir de juerga. Se iba a terminar eso de tener que levantarte cada dos cervezas de la mesa y hacer largas colas en el baño, teniendo que interrumpir una amena conversación con los amigos o, peor aún, dejar a tu 'amiguita' sola en la mesa rodeado de los buitres de bar.
Por otra parte te ahorrabas grandas caminatas por la calle para buscar una pared semioculta donde dejar grabado tu nombre o incluso, dependiendo del tiempo transcurrido desde el último paseo, una frase de amor completa con una caligrafía de dudoso estilo.


Pero llegó la retirada. Y me refiero a la retirada de la sonda, porque si yo llego a saber lo que se me venía, el que se iba de ahí corriendo era el querido Gauchito... Como me dijo el enfermero:
- Van a ser sólo cinco segundos un poco desagradables...


Durante esos cinco interminables segundos me dio tiempo de ver cómo pasaban por mis ojos los recuerdos más hermosos de mi vida y todas aquellas 'buenas' amigas que me habían acompañado en mi camino. Fue realmente dramático, especialmente lo de comprobar las pocas niñas que habían pasado por mi vida... y eso que alguna hasta repitió un par de veces en ese ratito. Por eso, después de 2 segundos y 45 centésimas, ya tuve que empezar a recordar las mejores portadas de la historia de Interviú, que, quieran que no, había tenido también su pequeño espacio... En fin, no quiero desviarme del tema principal...


Como les contaba, el momento más duro llegó un poco después cuando la elasticidad de la vejiga llegaba a su máximo apogeo y no iba a quedar otra opción que su completo vaciado. Les juro por 'mi querido quiste aracnoideo’ (desde aquel día, un gran amigo, un hermano, un sentimiento...) que en mi vida había sentido un dolor físico tan brutal como el que provocaba la descarga del líquido elemento. ¡Sólo de volver a recordarlo me dan ganas de pedirle consejo a Bibi Andersen acerca de las posibles alternativas!


Las 24 horas que tenía que pasar en Terapia Intensiva se me pasaron intentando convencerme de que 'beber agua es muy malo para la salud'.


Al día siguiente volví a mi cuarto para comenzar la cuenta atrás para mi salida.


Javi, El Gaucho Canario

¡¡Continúa aquí!!

2 comentarios:

  1. yo soy la primer gaucha en revolear el poncho
    como es eso q te operaron??
    ahh no,esto mrece un cafe
    o un litro de cafe
    para q me pongas al tanto querido
    compañero.
    malditoincomunicacion


    besote.
    te deje mail

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  2. Javi...no sabía de lo de tu operación, ya sé a qué te refieres en tu mail, gracias a Dios estás de lo mejor, ahora te mereces otro premio!.
    besos.

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